Buscar
  • fcabieses

ESTADO INTERMEDIO: PERDIENDO EL TIEMPO EN LO QUE NO HA SERVIDO EN MÁS DE CIEN AÑOS

Autor: RICARDO CANDIA CARES


El Estado Intermedio, esa coa rara que la imaginación del gobierno propone para el Wallmapu, es un eufemismo para llamar de manera menos gravosa la ofensiva represiva exigida por los poderosos contra el pueblo mapuche.

De soluciones de fondo, ni por pienso.

Lo que, por cierto, solo aumentará la inseguridad en el territorio mapuche que se verá invadido por militares que ahora podrán disparar a diestra, y sobre todo a siniestra, y con la venia de La Moneda, a todo lo que mueva en los caminos y carreteras.

La inocencia del gobierno tiene ribetes trágicos: ¿No hay nadie en el gobierno que advierta que esta táctica no ha dado resultados en, por lo menos, cien años? ¿Nadie que les diga que los milicos harán lo que se les ocurra para endosarles los eventuales muertos o heridos al gobierno?

La solución que proponen para detener las movilizaciones de los camioneros y el reclamo d ellos poderosos no es sino una demostración de debilidad.

Algún memorioso recordará el primer discurso de Gabriel Boric desde el balcón de La Moneda:

“…no es el conflicto mapuche, es el conflicto entre el Estado chileno y un pueblo que tiene derecho a existir. Y allí la solución no es ni será la violencia.”

¿En qué quedamos? ¿Acaso más militares, más armas, más drones y blindados no es acaso más violencia?

Queda en descampado que los discursos son mucho más fáciles de abordar que la realidad pura y dura.

Queda contrastada con la realidad la enorme falta de conocimiento real de lo que pasa en el sur, con su innegable y determinante trasfondo histórico y con la barbarie contemporánea que ha definido lo que existe.

El desatino inicial de la ministra Siches es la mostración palmaria de que no se entiende nada.

Peor aún, las tímidas y temblorosas ideas de diálogo para explorar soluciones tienen como presupuesto no hablar con ciertas comunidades más radicales. Este criterio impuesto por la derecha más abyecta es comprado a fardo cerrado por el gobierno que no se detiene a pensar que es precisamente con esas comunidades con las que hay que hablar.

Y aquí aparece lo duro de entender: ¿de qué hablar?

En este punto las comunidades deberían asumir la iniciativa y poner sobre la mesa los temas que exigen resolver, de manera que el weichan tenga real y concreto sentido político.

Desde el punto de vista del Estado, la idea es propiciar la paz, así sea imponiéndola por vías militares. Paz no es lo mismo que justicia: hay paz también en los cementerios y en los desiertos.

Desde la opinión de los empresarios, la paz es seguir explotando tierras que no les pertenecen sin que nadie los moleste. Desde la mirada de los militares y las agencias policiales y de inteligencia, la paz es controlar a los más rebeldes no importa el método.

Lo que buscan unos y otros es una rendición incondicional de esas comunidades que no hacen otra cosa que luchar por sobrevivir.

Y a no engañarse con la caricatura que nos viene de Ercilla y Zúñiga: el pueblo mapuche no es un pueblo guerrero. Es un pueblo pacífico que se vio obligado a pelear por su sobrevivencia.

Gran parte de esas tierras, sino todas, fueron robadas cuando el Estado chileno invadió con tropas y especuladores, con escuelas e iglesias, con notarías y abogados.

Hay indicios y pruebas legales de los robos, estafas, falsificaciones, asesinatos de los que se valieron los winkas, ladrones de ganado, respaldados por el Ejército y el Estado para legalmente, hacerse de esas tierras.

¿No sería caso ese un buen punto de partida?

La Pacificación de la Araucanía no fue sino una invasión de rapiñas.

Un gobierno con cojones debería partir por revisar esa documentación en la que consta el despojo. Menciono y relevo el extraordinario trabajo del historiador Martín Correa, que demuestra incuestionablemente el derrotero del robo.

Las tierras mapuche fueron un objetivo económico desde el inicio de la república. Las feraces tierras al sur del Biobío estuvieron desde el comienzo en la mira de los poderosos. Y desde entonces, el Estado al servicio de esos poderosos ha hecho todo cuanto ha sido necesario para mantener las cosas tal como en el siglo XIX.

Todo cuanto se ha hecho en territorio mapuche ha sido para aplastar la resistencia ancestral de ese pueblo: desde la invasión genocida del Ejercito, pasando por la escuela, la iglesia, hasta las plantaciones de especies que matan la tierra y secan las aguas.

Agreguemos la componente contemporánea: operaciones falsas, al margen de la ley, perpetradas por turbios e ineficientes oficiales dizque de inteligencia

El escenario no es distinto a lo que ha venido pasando en más de un siglo. ¿Cómo perseverar en lo mismo?

Reconocimiento a la existencia del pueblo mapuche y del robo legal de sus tierras, proceso de restitución de esas tierras, expulsión de las forestales, impulso a experiencias de autonomía, desmilitarización del territorio, libertad a los presos políticos mapuche, estrategia de desarrollo para la zona, deberían ser algunos de los puntos para que algún diálogo tenga sentido.

La solución radica en la política.

Es en ese dominio en donde se pueden encontrar soluciones que no perseveren estúpidamente en aquello que en un siglo solo ha servido para aumentar el sufrimiento de muchos y para mantener una histórica injusticia de la que se benefician a diario los poderosos de siempre.

De lo contrario, valdría la pena transparentar las cosas y de una vez por todas despachar una escuadrilla de F 16 y algunos pelotones de tanques para sincerar las intenciones y no perder más tiempo y recursos en tonteras que no van a ser.




50 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo