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LA TÍA PIKACHU


Autor: RICARDO CANDIA CARES


Fue un disfraz que pasó a ser simbólicamente alegre en las extendidas manifestaciones de hace dos años en la Plaza Dignidad.

¿Quién estaba debajo del traje amarillo?

Entre otras, una persona que hizo la pega y ganó por ese expediente su derecho para estar en la Convención Constitucional junto con otros que también entendieron, aunque haya sido solo hasta cierto momento, que la gente puede y debe buscar los mecanismos para terciar en los espacios políticos donde se resuelven las cosas.

Algunos afiebrados aún creen que se puede hacer algo más que los empeños absurdos y estériles que han hecho en treinta años para cambiar las cosas sin entrar a la política. Ni las marchas a las que asistieron millones cambiaron nada. Ni los deditos simulando una pistolita de juguete.

Pero bastó que el poder de la gente alzada asustara al sistema al extremo de obligarlo a hacer algo más que desplegar tropas, para que los que entendieron el momento político se desplegaran en un esfuerzo electoral que torció los planes de Piñera y compañía.

Si hoy está trabado al interior de la Convención Constitucional un enfrentamiento ideológico de rango histórico fue por esa gente que entendió que desde la vereda no se hace más que agrietarse la garganta.

Algunos piensan, sin haber movido un dedo para que las cosas fueran diferentes, que desde la Convención Constitucional de puede decretar el socialismo en un trayecto non stop, o, también, acusan a la instancia de ser una expresión de la clase media, del enemigo, del sistema, del neoliberalismo y que de ahí no puede sino salir algo parecido a lo que hay.

Resulta risible que quienes denuestan el derecho de votar, ganado por el pueblo en decenios de luchas populares, luego se empeñan en criticar los resultados de esas elecciones sin haber movido un dedo, ni siquiera por la vía modesta de ir a votar.

Es gente cuya capacidad de entender el momento en que se vive los pone en una condición de entrenadores sin equipo, sin cancha ni oponente. Sin ideas.

No considerar este momento como de importante transición para democratizar el país, es decir, comenzar la real transición que se trampeó desde el año 1991, es no entender nada.

Sobre todo, si se espera de la instancia redactora lo que sus críticos y enemigos deberían estar haciendo en los territorios, organizaciones sociales, universidades, etc.

Nos asisten tres convencimientos: uno, que la próxima no va a ser la Constitución todo lo que el pueblo quiere, merece y necesita. Dos, el próximo no va a ser el gobierno ideal que el pueblo quiere, merece y necesita. Y tercero, el siguiente no va a ser un Congreso representante de todo lo que el pueblo de Chile quiere, merece y necesita.

Y me asiste una que se deriva de las anteriores: ¿qué está haciendo y qué ha hecho el pueblo de Chile para conquistar la Constitución el Congreso y el gobierno que quiere, merece y necesita?

Las organizaciones sociales, los grandes movimientos que sacaron a millones a las calles no han sabido/podido/querido transformar esa energía cinética de gente caminando, en energía política.

¿Un ejemplo?

El gigantesco y maravilloso Movimiento No + AFP, que puso sobre el tapete esa vergüenza llamada AFP, que sacó a millones a las calles, que logró un plebiscito en el que se expresaron más de un millón de personas en contra de ese robo de rango gigantesco, dirigido por excepcionales hombre y mujeres, honestos y preparados, ha sucumbido en la irrelevancia más notable.

Ese ejemplo es posible extrapolarlo a la Fech, la ANEF, el 8M, colegios profesionales, CUT, federaciones, sindicatos, etc.

¿Y luego reclamamos que no nos representan los que fueron elegidos en lo que sea? ¿Y luego decimos que siguen siendo los mismos de siempre?

Es entonces cuando se ataca a una mujer que va a una plaza. Quienes quieran que hayan sido, pacos infiltrados, agentes de la ANI, gente alterada por la adrenalina y muchas chelas, lo que se vio fue un acto matonesco, burdo, vil cobarde, misógino, que no se puede justificar ni con la mejor de las causas.

Ahí está el enemigo: detrás de esas capuchas o dentro de esas cabezas.



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