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UN SECUESTRO ALGO EXTRAÑO

Autor: RICARDO CANDIA CARES


Al teniente Ronald Ojeda lo van a encontrar asesinado con un par de tiros en la cabeza, agreguemos, lamentablemente.

Que se haya instalado el sicariato en Chile, la copia feliz de edén no es grato ni conveniente para nadie. Habla de un Estado que va camino a su condición fallida.

Lo que sucede en el caso de ese extraño secuestro no es más que una provocación que busca dañar aún más las relaciones del gobierno de Chile con el de Venezuela, que ya viene deterioradas por las recurrentes frases presidenciales que no apuntan precisamente a la buena vecindad. El Departamento de Estado hace lo suyo en términos de imposiciones y condiciones.

En una operación de esta naturaleza en la que el misterio lo es todo, vale preguntarse un par de cosas: a quien conviene y quien puede hacerlo.

Esta claro que los plagiadores utilizaron medios algo más sofisticados que los usados por las bandas que se dedican al secuestro extorsivo. Pero también queda claro que estos agentes secretos venidos desde Caracas serían mucho más imbéciles y descuidados que los delincuentes locales.

Es sabido que Venezuela ha tomado activa participación en apoyo a Rusia en su conflicto con occidente en Ucrania y con las víctimas del genocidio israelí en la Franja de Gaza.

Estados Unidos ha decidió reactivar las sanciones al petróleo y el gas de Venezuela exigiendo un cambio de rumbo al gobierno de Nicolás Maduro, especialmente luego de la inhabilitación política de la candidata Corina Machado, alineada con USA.

El canciller ruso Sergei Lavrov, ha visitado Venezuela en su gira por América Latina dejando claro que entre este país y Rusia se estrechan los lazos amistosos en circunstancias en que la guerra de Rusia en contra de occidente en Ucrania se inclina definitivamente a favor de Rusia, a pesar de las miles de sanciones que intentaron infructuosamente estrangular su economía. Y que no pudieron.

¿A quien le interesa agregar más dificultades en el ámbito de las relaciones de Venezuela con el mundo si no es a estados Unidos y sus satélites, entre otros, al gobierno de Gabriel Boric que no pierde oportunidad de tratar de dictadura el gobierno de Nicolás Maduro?

“Cuando dejé la presidencia, Venezuela estaba a punto de colapsar. Nos hubiéramos apoderado de ella, nos hubiéramos quedado con todo ese petróleo” La expresión es de Donald Trump del año 2023 y cumple con la gracia de decir lo que piensa el mando estadounidense. No se sabe si Gabriel Boric reclamó por esa exabrupto que viola todas las leyes internacionales y el sentido común.

Así, crear un problema ficticio con toques cinematográficos por la vía de secuestrar un desertor del ejército venezolano, un militar de baja graduación que en absoluto importa algún peligro o amenaza para Maduro y su gobierno, obtiene la puntual colaboración de la prensa uniformada chilena, esa vergonzosa fábrica de mentiras y media verdades.

El secuestro del militar, un activo opositor al gobierno de su país suena más bien a cosa montada que a una operación que, de ser organizada por algún servicio de inteligencia, no solo resultaría extremadamente compleja, sino que arriesgada y de un alto costo.

En el país ocurren cada día una cantidad indeterminada de secuestros extorsivos, muchos de los cuales han terminado en crueles asesinatos.

¿Por qué en este caso hay reuniones de emergencia del gobierno, se decreta prohibición de informar y se movilizan equipos especialistas en este tipo de delitos y, por sobre todo, se asume sin ningún tipo de prueba que es un secuestro político digitado por el gobierno venezolano?

¿Es que un desertor, un simple teniente implicado en maniobras golpista en su país, es un peligro para el régimen de Venezuela?

Luego de impulso inicial, el gobierno ha morigerado sus opiniones y ahora dice que debe ponerse en todas las hipótesis: es decir, desde que es una operación inexplicable de la inteligencia venezolana, hasta que sea un montaje fabricado para cargar a Maduro con el muerto.

Si se observa el modo de operar de los secuestradores, algo anda mal. Si se considera la opinión del diputado Walker, las cosas andan peor: simplemente adjudica el secuestro a una operación venezolana en suelo extranjero. “Se trataría de la primera incursión militar extranjera en Chile…” Sin ningún tipo de pruebas.

Extraños secuestradores: dejan los equipos utilizados en el delito para que sean periciados por las policías sin siquiera quemarlos, como lo hacen los delincuentes habituales y los espías profesionales. Se decreta prohibición de informar, pero por todos los medios salen profusas informaciones del militar. Se informa con detalles las acciones políticas realizadas por la víctimas en contra del gobierno de su país, lo que en su condición de refugiado no podría hacer.

Este sería el peor momento para que el gobierno venezolano montara una operación de esa naturaleza cuando estados Unidos busca la provocación que les permita alguna aventura con la mira puesta en el petróleo venezolano, habida cuenta de la caída de su reservas estratégicas de petróleo: necesita 22 millones de barriles diarios y produce 13.

¿Los que le faltan? Pues se los compra a Rusia. ¿Es que acaso no está prohibido comprar petróleo a Rusia? Sí, pero solo para sus lacayos europeos.

Los gobiernos como el chileno, que se someten a los dictámenes del imperio: la pérdida de soberanía, la ausencia de una doctrina de política internacional que se gane el respecto de la comunidad, el desarrollo de una política que lea con cierta aproximación los cambios que se avecinan en el orden mundial, la mínima decencia.

Pronto habrá una resolución trágica en el caso del secuestro del teniente desertor del ejército venezolano. No habrá testigos ni testimonios. Y las pruebas dejadas, así como las presunciones y sobre todo los prejuicios apuntarán hacia donde no deben.

Quizás aparezca una estampita de Maduro diciendo yo fui.





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