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EL PS ANTE EL TERMINO DEL SENADO

Autor: HUGO ALCAYAGA B

La madurez y la reflexión que suelen dar los años – viene de cumplir 89 recién el 19 de abril – no acompañan al Partido Socialista al que le cuesta aceptar o sencillamente rechaza los propósitos de los sectores populares que están por la construcción de otro Chile, democrático, justo e igualitario, sin la carga de los pesados lastres del pasado.

Es la decisión de las cúpulas autoritarias del partido que continúan atrincheradas en la llamada “renovación”, que comenzó a manifestarse en las etapas finales de la dictadura y que lo alejó de los cambios, del pueblo y de la clase trabajadora, a la que pertenece históricamente y con la que otrora se identificó y defendió sus intereses.

Las bases reclaman otra postura, real y propia de la gente sencilla, que contribuya a impulsar las transformaciones profundas que necesita el país y en que las mayorías no se sientan traicionadas por gastados políticos que se han desprestigiado solos, pero que insisten en mantener los privilegios con que los favorece el sistema aún imperante.

Ello se refleja en lo ocurrido en la Comisión de Sistema Político de la Convención Constitucional que trabaja en la nueva Constitución. Allí los integrantes del Colectivo Socialista fueron acusados de traición y funados por intentar la defensa del Senado de la República bajo presiones políticas principalmente de un grupo de senadores que se niegan a tener que dejar sus cargos y sus jugosas dietas parlamentarias.

El Senado es una institución tradicional que ha existido por largos años, pero que a estas alturas carece de credibilidad ciudadana. La gente perdió la confianza en su funcionamiento por entrabar sistemáticamente los proyectos en beneficio del pueblo, que por lo general quedan allí estancados o postergados indefinidamente.

Los convencionales populares han celebrado este término de funciones que se incluirá en el plebiscito de salida fijado para el 4 de septiembre. Destacan que por fin se cimienta el fin de la denominada Cámara Alta como una institución que ha representado muchas veces un obstáculo para la democracia.

En uno de los cambios mas radicales aprobados por el Pleno de la Convención, el Senado será reemplazado por una Cámara de las Regiones como complemento del Congreso de Diputadas y Diputados. Será el nuevo organismo el que – en un sistema descentralizado – se pronuncie respecto a temas que afectan directamente a las regiones, dejadas de lado en la actualidad.

La Cámara de las Regiones representará en igualdad de condiciones a cada una de las regiones del país. Ello va de la mano con el proceso de regionalización que se busca implementar a través de la nueva Constitución, en la que dicho proceso es pieza fundamental. Se trata de un órgano deliberativo, paritario y plurinacional encargado de concurrir a la formación de las leyes de acuerdo regional y ejercer las demás facultades encomendadas por la Constitución.

Desde el interior de la Convención se destaca que las regiones son las grandes ganadoras del proceso constituyente: el Estado y la Cámara de las Regiones permitirán una descentralización efectiva del poder y una acción política que dialogue en sus niveles nacional y regional. Algunos en el PS no lo quieren ver así.

Al igual que la derecha, el pinochetismo y el poder del dinero, las cúpulas directivas y senatoriales que manejan el Partido Socialista no quieren ni necesitan cambios radicales de ninguna naturaleza. Esas cúpulas se sienten cómodas en la actual Carta Magna de la dictadura, que frena y desestima las demandas populares acrecentadas a partir del estallido social.

Las disminuidas bases socialistas militantes, controladas hasta ahora pero siempre de pie, apuntan a transformaciones estructurales que vayan dejando en el camino a instituciones obsoletas, pero que mejoren sustancialmente las precarias condiciones de vida de las mayorías.

Hugo Alcayaga Brisso


Valparaíso



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