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EN CHILE FUERON ROBADAS 20 MIL GUAGUAS

Autor: HUGO ALCAYA BRISSO


Los cientos de correos llegados en las últimas semanas a las oficinas en Santiago de la fundación Connecting Roots de angustiados compatriotas que piden una investigación sobre familiares que recién nacidos fueron dados por muertos pero en realidad entregados en adopción en el extranjero, a buen precio, dan cuenta que el caso  de las guaguas robadas durante la dictadura no está cerrado.


La tiranía  militar-empresarial no solo cometió un espantoso genocidio  que significó el asesinato y la desaparición  de miles de personas y violó los derechos humanos de un número no precisado de victimas, sino que con crueldad participó en la sustraccion  de una elevada cantidad de niños pequeños, separando familias sin importarles su dolor y cambiando sus destinos despiadadamente.


No menos de 500 correos han sido recibidos por ese organismo norteamericano privado desde el domingo 18 de febrero, día en que arribaron a la capital cinco ciudadanos estadounidenses cuyas edades  bordeaban los 40 años que venían a conocer a sus madres biológicas chilenas que les esperaban anhelantes.


Todos ellos fueron cedidos en adopcion de manera irregular entre 1973 y 1989 - el tenebroso tiempo del terrorismo de Estado -  y ahora, con una vida hecha en Estados Unidos, vinieron a compartir con sus verdaderas madres al cabo de gestiones  de la citada fundacion que monitorea y comprueba estos casos mediante examenes de ADN.


Al mediodía  de ese domingo veraniego se vivieron emotivas escenas en el aeropuerto de Santiago,  donde en medio de la multitud habitual había personas mayores y otras de mediana edad que se prodigaban amor filial, interminables abrazos y cariños contenidos después de una separación  de largos años.


Ese esperado reencuentro lo llevaron a cabo los viajeros tras efectuar dichos exámenes y asesoría  psicológica. La mayoría de ellos había sido secuestrado desde muy pequeños, sacados del país y llevados a Estados Unidos o Europa, donde agencias de adopción, previo acuerdo por el "negocio" los entregaban  a familias acomodadas que no tenían problema para pagar un alto precio. Se sabe  de personas de nacionalidad chilena que venían frecuentemente al país en busca de niños que luego llevaban a Europa como parte de este rentable comercio.


Ha transcurrido  un mes y medio de ese jubiloso día de los reencuentros en el aeropuerto, pero la clase política no reacciona. No se sabe de ninguna investigación que lleve a una  sanción de los hechores,  aunque sea simbólica por el paso del tiempo, ni tampoco de alguna sesión especial en el Senado que controlado por la ultraderecha solo convoca  a sesiones  por asuntos ajenos a las mayorías.


Según el magistrado Mario Carroza, que como integrante de la Corte Suprema conoció incontables violaciones de los derechos humanos en tiempos de la dictadura, unas 20 mil guaguas fueron secuestradas y llevadas fuera de Chile. Ello ocurrió con absoluta impunidad,  la misma que tuvo el pinochetismo para cometer sus atrocidades.


El presidente de Connecting Roots, Tyler Graf, nacido en Temuco en 1983 ha señalado que a su madre biológica, Hilda Quezada, le dijeron que "su guagua falleció", sin agregar más. Esto, explica, se repite en numerosos casos de adopción irregular. Muchas mujeres de escasos recursos que llegaban a hospitales públicos para dar a luz fueron víctimas de esta maquinación a lo largo del país. "Nos engañaron agentes de la dictadura".


En el extranjero familias sin hijos que acudían a agencias de adopción no sabían que estaban provocando un inmenso dolor al comprar a un niño chileno separado de sus padres. Los pequeños debían comenzar una nueva vida lejos de los suyos que creían que habían muerto. Pero tenían en su contra el lucro y el afán de causar daño.


Por el pacto de silencio que dejó instalado el tirano, se desconoce quiénes, con nombre y apellido integraban esta mafia despreciable o bandas de crimen organizado que contaban con la colaboración de profesionales, funcionarios y organismos que no tenían otra alternativa.  Sin embargo, había médicos que mostraban  especial entusiasmo por formar parte de estas impresentables acciones de crueldad.


La organización criminal actuaba coordinadamente  con altos oficiales del régimen, cuya superioridad tenía cabal conocimiento de lo que sucedía y del impacto ocasionado en muchas familias pobres. Juan Luis Insunza, vicepresidente de la fundación en Chile, recuerda una frase que Pinochet solía repetir: "En este país no se mueve una hoja sin que yo lo sepa"...


El capitán general había declarado la guerra al pueblo, al que no solo masacraba sino que quería desunir y disgregar para provocarle daño y angustia.  Lo hizo implacablemente  con premeditación  y alevosía, acallando sus infamias, y en estos momentos no hay quien responda por estas canalladas propias del régimen de terror que ensombreció la historia de Chile.


La ciudadanía estima que esta vergüenza nacional no puede quedar en el aire indefinidamente, como quisieran algunos, sino que tiene que ser investigada a fondo. El oprobioso tráfico de recién nacidos no puede sumarse a los miles y miles de delitos de lesa humanidad que se perpetraron durante la dictadura, muchos de los cuales permanecen aún en la impunidad más absoluta.


Hugo Alcayaga Brisso

Valparaíso






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