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GOBIERNO, PODER Y PESO PLUMA

Autor: RICARDO CANDIA CARES


Se discute la creación de un partido único con los restos que quedan de aquellos que abordaron la aventura presidencial que llevó a Gabriel Boric a La Moneda.

Para salvar del naufragio, habría que agregar.

Cruzados por los efectos indelebles de una gestión que poco rato después de entronizada se desdijo de casi todo lo que había afirmado con la vehemencia propia de los que dicen la verdad, y, por otro lado, por las numerosas acusaciones de corrupción ya procesadas por el sistema judicial, la cosa no pinta para buena.

Era de esperarse.

Pero visto de otra perspectiva, el error mayor y que permitió todo lo que vino, estuvo cuando, por las razones que hayan sido: arrogancia, falta de sentido de la política o simple ambición, el equipo liderado por el expresidente de la FECH decidió que esa era su hora y que esa parvada de jóvenes que habían desestibado al régimen, podía llegar al gobierno.

Que era cosa de decisiones.

Cierto que en política la toma de decisiones es crucial. Pero no es todo ni por asomo.

Si no fuera porque el discurso del dirigente Boric y sus compañeros amenazaba con las penas del infierno al estatus quo, la cosa no habría pasado de presentarse como un natural relevo generacional en un sistema cuyos personeros envejecían sin atisbos de sabia joven en lontananza.

El problema se presenta cuando el discurso de la nueva camada de políticos anunciaba nada más ni nada menos que el fin del neoliberalismo.

Aquí nació, aquí muere decían. Más y peor aún, luego de los luctuosos sucesos de octubre, Gabriel Boric anunciaba que Sebastián Piñera sería perseguido en su gobierno por el reguero represivo con que enfrentó ese estallido, entre otras linduras.

Ni una ni otra cosa. Ni siquiera algún sucedáneo parecido. Al contrario, fue, es y seguirá siendo, más de lo mismo y peor.

¿Habrá caído en cuenta el presidente Boric y su equipo que debieron administrar su arrogancia y haber esperado cuatro u ocho años para lanzarse a disputar parte del poder?

Desde el punto de vista de los poderosos, el advenimiento del joven político no era un problema de difícil abordaje.

Al contrario, muy pronto la ultraderecha se dio cuenta que permitir un gobierno de quienes, legítimamente o no, representaban el espíritu de octubre y ese murmullo deforme que pechaba por decir lo suyo en el mundo de la víctimas de la cultura dominante, podía cumplir con mejorar sus expectativas.

Y desgastar, desperfilar y desprestigiar a lo que queda de izquierda. De poderse aún más.

Los que diseñaron el sistema vigente lo hicieron de tal manera que, al decir de su ideólogo número uno, sus enemigos no tuvieran más opción que hacer lo mismo que ellos. Y, por lo tanto, en el caso del advenimiento de un gobierno como el de Boric, las ideas populares, revolucionarias y de cambio social, se verían francamente debilitadas y desprestigiadas por la incapacidad de hacer algo contrario al poder vigente. El poder real.

Así, el mundo social, los trabajadores, los deudores de cualquier cosa y de casi todo, los pensionados, los usuarios de la salud y la educación pública, y los que usted quiera, ¿están mejor que hace dos, tres, cinco años? ¿Han ganado algo incluso en términos solo de perspectiva mejorada?

¿La juventud tiene más horizonte, educación y felicidad?

Las organizaciones sindicales, sociales, gremiales ¿juegan un rol importante en el diseño y aplicación de las políticas que finalmente afectarán a sus asociados?

¿O, como parece, están en franca decadencia, cercanas a la desaparición?

Desde el punto de vista de las clases abusadas, exprimidas, ninguneadas, explotadas, ha habido un retroceso que no resiste ni siquiera la fraseología y la cáustica insistencia de ciertos partidos que intentan convencer de que hay avances. La reverencia suicida que se le prodiga a la ultraderecha con quienes convienen en tener juntas clandestinas, vino a sr la guinda de la torta.

Este gobierno, estratégicamente, es una derrota del mundo social y del pueblo en lo que a expectativa creada y hecho concreto se refiere. Sin haber tenido arte ni parte, habría que agregar.

Otro gallo habría cantado si los ideólogos de la coalición gobernante, y hasta por ahí no más, hubieran entendido que hay una diferencia abisal entre gobierno y poder.

Y que si para acceder a uno, si se trata de ideas que pongan en el centro la reivindicación de los ofendidos, la defensa de los reales intereses del país, el desarrollo de un proyecto que beneficie a los habitantes, la justicia para los que han esperado por siglos, se necesita un propósito estratégico, una fuerza política y gran parte del pueblo detrás, si se trata del poder, la cosa es más exigente aún.

La clave ha sido, es y será siempre el pueblo. Ese que no ha estado sino para ser explotado y basureado por los mafiosos y corruptos poderosos que mandan.

Como sabes, ese camino es más áspero, duro y peligroso. Pero no hay otro. Si hay algo que ha sido cuesta arriba desde que el primer avivado se quedó con el producto del sudor ajeno, ha sido poner las cosas en su lugar: los que crean la riqueza deben gozar de su producto y ganarse ese derecho así sea por la vía de la buena puntería.

Lo otro, de apariencia más fácil y accesible, es imitar a los administradores del sistema. Y parece que ese ha sido el caso, a juzgar por sus tristes rendimientos.

Sí. Esa esgrima que se planifica entre bambalinas, al más puro estilo de los que antes eran lo peor, efectivamente dará con un nuevo y único partido que soporte a esos jóvenes idealistas y hoy oportunistas. Y la cultura dominante habrá dado otro paso en su camino por afianzar su eternidad y perfección.

Muy lejos de ahí, Peso Pluma ensaya y vuelve a ensayar.






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