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PAULA NARVAEZ, YO SOY DE IZQUIERDA

Autor: ROBERTO PIZARRO

https://lavozdelosquesobran.cl


Decir que las categorías de Izquierda y Derecha están terminadas es confuso y peligroso. Confuso, porque eso mismo lo están diciendo, con descarado oportunismo, Desbordes, Sichel y Lavín, fieles representantes de la tragedia que ha vivido nuestro país. Peligroso, porque puede interpretarse que la candidata Narváez no está dispuesta a realizar los cambios radicales que ha exigido la mayoría nacional el 18-0 junto a una nueva Constitución. La candidata presidencial del Partido Socialista, Paula Narváez, había entregado buenas declaraciones contra el neoliberalismo e incluso insinuó cierta autocrítica sobre la complacencia de los gobiernos Concertación-Nueva Mayoría con el modelo de injusticias. Dijo incluso “no hay que tener miedo para decir que el neoliberalismo fracasó”. Hasta ahí íbamos bien. Pero, en su entrevista en Tolerancia Cero comete un grave error, cuando emite la sorprendente afirmación que hoy día se encontrarían superadas las categorías de Izquierda y Derecha (21-03-2021). Desde la revolución francesa, la izquierda se ha propuesto liberar a la sociedad del orden impuesto por las elites. Es una lucha contra minorías que han construido sistemas económicos explotadores y regímenes políticos que impiden a las mayorías su plena expresión. Precisamente por ello la Izquierda, y no la derecha, reivindica la igualdad, porque, como dijo Rousseau, la desigualdad no es natural sino históricamente construida. Y construida por las elites, para su beneficio. La Izquierda se ha comprometido a lo largo de la historia con la emancipación de los seres humanos, acumulando inmensos sacrificios, en Chile y en todo el mundo. Son indiscutibles las luchas de Izquierda, y siempre contra la Derecha, en la defensa de las mujeres desprovistas de sus derechos y de los trabajadores explotados, así como de los negros africanos convertidos en esclavos y las protestas contra el colonialismo y el imperialismo. No se puede renunciar a la Izquierda, cuyo aporte ha sido decisivo al progreso de la Humanidad, con un sacrificio y compromiso, muchas veces heroico, que no podemos olvidar. Por eso yo soy de Izquierda. La Derecha en cambio no puede decir lo mismo. Está contra el progreso. Estima que las injusticias son naturales e inevitables, y que el interés individual es más importante que el bien colectivo. Como ha señalado Norberto Bobbio, la Izquierda y la Derecha se diferencian precisamente por su postura frente a la desigualdad social. Mientras la derecha la asume como un mal inevitable, para la Izquierda es el tema central de sus luchas. Por eso soy de Izquierda. Y no acepto se me confunda con la Derecha. Estas categorías no están superadas. Paula Narváez sabe que el Chile de los últimos 40 años es el paradigma de las desigualdades. Y que esas desigualdades las construyó precisamente la derecha, imponiendo, sangre y fuego, un orden económico favorable a los grandes empresarios junto a esas inaceptables políticas de segregación social. Fue el invento de la Derecha, apoyado en los militares, para acumular poder y riqueza. Lo lamentable ha sido que los gobiernos de la Concertación/Nueva Mayoría renunciaron a la Izquierda al aceptar complacientemente el modelo que instalo la Derecha. Por eso yo soy de Izquierda. La Derecha no está dispuesta renunciar a su visión del mundo, a sus concepciones ideológicas y menos a terminar con la representación de los interese económicos de la minoría. Entonces, de dónde resulta que se han acabado las categorías de Izquierda y Derecha. Decir que las categorías de Izquierda y Derecha están terminadas es confuso y peligroso. Confuso, porque eso mismo lo están diciendo, con descarado oportunismo, Desbordes, Sichel y Lavín, fieles representantes de la tragedia que ha vivido nuestro país. Peligroso, porque puede interpretarse que la candidata Narváez no está dispuesta a realizar los cambios radicales que ha exigido la mayoría nacional el 18-0 junto a una nueva Constitución. En vez de decir que están terminadas Izquierdas y Derechas, la candidata Narváez debiera reconocer que los gobiernos de la Concertación/Nueva Mayoría no actuaron como una fuerza de Izquierda, incluido el Partido Socialista, que ella hoy día representa. Y, su autocrítica, “contra el neoliberalismo” debiera servir para recuperar al Partido Socialista para la Izquierda. Sería además un merecido homenaje a la memoria de Salvador Allende. En consecuencia, si se desea de verdad modificar el modelo de desigualdades e injusticias, propio al neoliberalismo, no se puede renunciar a la Izquierda. Porque las reivindicaciones del 18-0 apuntan precisamente a cambios radicales del modelo en curso. Se exige un nuevo sistema económico, que no regale los recursos naturales, que termine con los abusos del monopolios comerciales y financieros y que ofrezca trabajo digno a los trabajadores. Se necesita también que se termine con las políticas sociales que nos dividen en educación, salud y previsión. Estas son ineludibles reivindicaciones de Izquierda, porque se proponen terminar con las injusticias y desigualdades de las últimas cuatro décadas. Hay que agregar algo más, que la candidata Narváez evitó en su entrevista en Tolerancia Cero. El tema de la corrupción y el financiamiento empresarial de la política. Una verdadera izquierda debe terminar con los vasos comunicantes entre la política y los negocios, que han corrompido a parlamentarios y funcionarios de gobierno, y que han debilitado a las instituciones de la República, en particular a Impuestos Internos. Es imprescindible una profunda autocrítica al financiamiento que Ponce Lerou, Angelini y Penta hicieran a políticos de la Concertación/Nueva Mayoría. Esto no puede callarse. Si la Izquierda privilegia la protección de los grandes empresarios y recibe dinero para hacer política, quiere decir que ha perdido su razón de ser. Deja de ser de Izquierda, como ha sucedido con el Partido Socialista y el PPD, y por cierto con el vergonzante PRO. Ser de izquierda significa una ética fundada en la renuncia personal, en la valoración de lo colectivo por sobre los intereses individuales. Un conglomerado político que recibe dinero del empresariado pierde su razón de ser. Deja de ser de Izquierda. Ello explica por qué vastos sectores de la sociedad han renunciado a sufragar por los políticos tradicionales y buscan nuevos caminos en las organizaciones sociales y en fuerzas emergentes para responder a los desafíos económicos, políticos y éticos del tiempo presente. Paula Narváez ha cometido un grave error en dar por terminada a izquierdas y derechas. Y también se equivoca al eludir los cuestionamientos al financiamiento ilegal de la política. Ojalá rectifique en los días que vienen.




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