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SUPERAR ESTE MEDIO SIGLO GRIS Y AMARGO


Autor: RICARDO CANDIA CARES


Resulta curioso que quienes más aluden al gobierno de la Unidad Popular y su líder Salvador Allende, sea la derecha.

Y resulta penoso que quienes jamás aluden a esa experiencia sea la izquierda que creó a la Unidad Popular y llevó a Salvador Allende a ser el mejor presidente que ha tenido este campos de flores bordado.

Los primero, claro está, dejan una huella interesante en sus diatribas mentirosos respecto de lo hecho por Salvador Allende y la razones de su caída. Como sabe todo el mundo, La Unidad Popular no cayó por sus errores: fue derrocado de la manera más cruel cobarde y traidora posible.

Y los segundos, también está muy claro, intentan olvidarse de esa experiencia por vergüenza, cobardía o porque ya no son lo que fueron. O dijeron ser.

Lo cierto es que lo que sucede en el Chile nuestro de cada día, su derrumbe en manos del fracaso neoliberal es porque la izquierda no solo se olvidó y/o renunció a su proyecto liberador, sino que olvidó, o nunca supo, qué se hace para replegarse cuando las cosas no salen bien o han sido derrotadas.

Se ha conformado con la rendición incondicional. Es más fácil y eventualmente trae réditos. Una parte. La otra, camina en círculos.

De manera infructuosa y estéril se ha intentado remedar lo que hacen los poderosos en el juego semidemocrático olvidando que se suponen representantes del pueblo y expresiones organizadas de sus intereses y sueños.

Increíblemente, se ha intentado mil veces lo que no sirvió las primeras cien.

Peor aún, los movimiento sociales, denominación generosa tanto como equivocada para referirse a numerosas, diversas y debilitadas organizaciones sindicales, gremiales, culturas, de género, no han sido capaces de entender que lo suyo no son las marchas, ni los pañuelitos, ni las batucadas ni las declaraciones públicas.

No son lo suyo únicamente.

Revise usted las definiciones que sean respecto del concepto de movimiento social y se dará cuenta de que en ellas se repiten algunas palabras: grupo de individuos u organizaciones, identidad, objetivos comunes, proyecto político, estrategia, movilización, y cosas parecidas.

Luego, si usted compara esas definiciones con lo que en Chile se entiende por tal, no coinciden ni con la mejor de las intenciones.

¿Por qué pasa todo esto?

Por que no hay norte. Ni sur. Ni nada. No hay una idea que seduzca, que le dé contenido a la pelea, que muestre un horizonte, un camino, que entregue razones mucho más de peso que el miserable reajuste o el bono infame y que alegre.

Que describa un país. Un lindo país. Con libros y canciones. Con trabajo y solidaridad. Con respeto y plena libertad. Construido con el sudor y los sueños de sus habitantes. Con esfuerzo y certidumbre.

En el que caminar por la calle no sea un riesgo.

El dibujo colectivo de un país bueno con sus niños y cariñoso con sus ancianos. Un país que sea dueño de su riqueza y que la use para los suyos. Un país del cual nos sintamos orgullosos y en donde valga la pena vivir y en el que cueste morir.

Parecerá extraño, pero no es necesario pensar tanto para llegar a esa definición.

Las ideas de Salvador Allende y la Unidad Popular que lograron tanto en tan poco, que encendieron las alarmas del imperio más sangriento de la historia de la humanidad y que desató los odios más anidados de los ricos de fusta y corbata, siguen siendo tanto vigentes como necesarias.

Esos apasionantes días en que cada uno era como el último y como el primero de manera simultánea, siguen vivos en la memoria de quienes lo sintieron de verdad y que luego se quedaron a poner el pecho a las balas.

En clave marxista habrá que decir que jamás como en esos años, la lucha de clases ha tenido la alta expresión que tuvo entre el años setenta y el setenta y tres.

Por eso esa maravillosa experiencia popular ha sido mentida hasta el hartazgo por los poderosos que sí supieron y saben de su contenido peligroso para la explotación y el abuso.

Y que ha sido abjurada y renegada por los falsos revolucionarios, los de cabeza acomodada, los que se olvidaron de la palabra pueblo, esos que ya no duermen en sus camas duras y que en vez de reivindicar con fuerza el legado moral y político de Salvador Allende, hacen esfuerzos para alentar subrepticiamente la desmemoria

En esas ideas que intentaron arrasar por la cobardía y la traición, y que por años han intentado sepultar, aún fulguran vivas las claves que el pueblo entendió y por las que se jugó la vida.

En ese programa yacen esperando las ideas que pueden mostrar al pueblo abandonado una causa que le dé sentido a todas las peleas que la reivindicación y los derechos impulsen.

En ese espíritu revolucionario, de profunda raíz nacional y de absoluta integración con los pueblos de la Patria Grande, de respeto absoluto al ser humano, siguen esperando las ideas pilares para levantar un proyecto que emocione y dé fuerzas, que inspire y sume, cuyo curso y exigencia separe al charlatán del verdadero dirigente, y dé aliento y esperanzas.

Que se proponga superar este momento gris y amargo que ya dura medio siglo.






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